Hoy en día, la
educación a lo largo de la vida sigue siendo
la clave del desarrollo de las capacidades de
toda persona. Para que se puedan cumplir todas
sus misiones que tiene toda enseñanza se
debe estructurar en torno a cuatro aprendizajes:
Aprender a conocer: que consiste en aprender
a comprender el mundo que nos rodea y desarrollar
las capacidades profesionales de comunicarse
con los demás favoreciendo la curiosidad
intelectual, estimulando el espíritu
crítico y permitiendo descifrar la
realidad adquiriendo una autonomía
del juicio.
Aprender a hacer, estrechamente vinculado
a la formación profesional puesto que
pretende poner en práctica los conocimientos
adaptando la enseñanza al fututo mercado
de trabajo.
Aprender a vivir juntos basado en dos orientaciones
básicas, el descubrimiento del otro
(conocerse a uno mismo, observar y aceptar
las diferencias de los demás) y participar
en proyectos comunes.
Aprender a ser. Puesto que la educación
debe contribuir al desarrollo global de cada
persona, su función esencial es dotar
a todos los seres humanos de libertad de pensamiento
de juicio de sentimientos y de imaginación
para que alcancen la plenitud y desarrollo
personales y sean artífices y dueños
de su propio destino.
La educación sin límites temporales
y espaciales se convierte en una dimensión
de la vida misma en donde los diferentes espacios
educativos juegan un papel complementario y contribuyen
a la formación integral del individuo.