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En la escuela infantil nos ha llamado mucho la
atención que al hablar con los padres sobre
el tema de regalos para los niños, todos
llegan a la misma conclusión: por más
que nos esforcemos en buscar, el regalo perfecto
no existe.
Sea lo que sea lo que elijamos, en unas horas o
como mucho unos días, terminan por aburrirse
y buscar nuevas formas de entretenimiento.
Jugar para un niño es desarrollarse como
persona y ayuda a conseguir la adquisición
de una inteligencia emocional, que le servirá
como fundamento en momentos de su vida.
Esta claro que, a juzgar por las opiniones de los
padres, lo que al final les entretiene y les hace
más ilusión es el envoltorio, quitar
el papel de regalo, rasgarlo por todas partes con
una curiosidad tremenda de ver lo que hay tras el
y terminar por hacer una enorme bola de papel con
la que al final toda la familia acabamos jugando
al fútbol. Y qué decir de las cajas
de cartón, grandes para meterse en su interior
y jugar al escondite, o pequeñas, para poner
en ellas todo lo que esté a su alcance y
crear su pequeño baúl de los tesoros.
La realidad es que vivimos en un mundo de consumo,
en una sociedad competitiva, donde apenas hay tiempo
para los niños.
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A nuestros pequeños les hace más
ilusión una simple caja o un trozo de papel
que el regalo más caro y sofisticado que
exista en el mercado; eso sí, siempre que
vaya acompañado de nuestro cariño
y dedicación.
Los niños nos piden lo que ven en la tele,
en los grandes almacenes, lo que más luce,
lo más grande, lo que más ruido hace
y aquello que tiene más colores, pero si
de verdad preguntamos al niño seguro que
responderá:
“Jugar con mi mamá es el mejor juguete”
Esta es la clave, buscar tiempo para jugar con ellos,
“El garaje automático con luces de
emergencia, rampas de velocidad y ascensor de tres
plantas es súper, pero si juega papá,
aún lo es más”
Jugar es descubrir y se hace más y mejor
compartiendo con alguien que te quiere, te guía
y se hace niño contigo.
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