Avenida Pablo Iglesias,4 28922 Alcorcon MADRID
 
 
.: Impresiones de una Madre :.
Por Gema Vidal
 

Una acaba amando lo que sus seres más queridos aman.
Mis hijos han querido y quieren al ALKOR.
Han crecido entre sus paredes. Han contemplado la nieve, la lluvia, tras los cristales de sus ventanales.
Han cuidado la granja, el huerto, los animales de corral.
Cuando llegaban a casa, de pequeños, me contaban: “ mamá, hoy hemos ayudado a dar de comer a los conejos...”
Han corrido por el patio. Se han caído...han corrido llorando y alguien les curó la herida...
Aprendieron a nadar, a sumergirse y volver a salir a flote. A dejarse caer en el agua y emerger riendo.
Aprendieron a actuar en público, dando conciertos, cantando, actuando.
Tuvieron que aprender a aceptar lo que no les gustaba y disfrutaron de lo que sí les agradaba.
Soñaron pequeños amores, aventuras...
Aprendieron a reconocer y apreciar la claridad de propósito.

En cuanto a mí y a muchas madres como yo...tenemos muchas horas de patio, de espera paciente, de búsqueda “...¿ Has visto a mi hijo...?” De correr cuando las Semanas culturales nos regalaban con varios eventos en los que participaban y tenía que correr de un escenario a otro, para no perdérmelo, para que ellos sintiesen que allí estaba...a la carrera, pero estaba.
He aprendido y aprendo a aceptar y tolerar. Nos conocemos ya mucho, son muchos años compartiendo un trocito importante de nuestra vida y lo más valioso: los niños y niñas. Los adolescentes.
Ya sé por qué mis hijos se sienten en el cole como en casa, y yo misma. Es mucho tiempo, sí. Pero sobre todo es el cariño y la complicidad que lo abarca todo, ese ruidoso espacio lleno de aparentes virtudes y aparentes defectos. Luces y sombras.

Hace pocos días se despidió del colegio otro de mis hijos. La tarde de la graduación parecía querer ser reflejo del estado de ánimo colectivo: no se sabía muy bien si saldría el sol, si seguiría lloviendo, si haría frío o calor: la misma ambivalencia de no saber si llorar de nostalgia o emocionarnos ante este presente que se proyecta prometedor hacia el futuro...
...Es la vida. Es crecer. Es hacernos mayores y mirarles de cerca pero con la debida distancia, dejándoles el espacio para expandirse y que las alas les crezcan grandes, hermosas. Ellas y ellos reflejan todo eso en sus miradas brillantes, limpias...
Alegría. Futuro.
Esos años bulliciosos, esos grandes ventanales, esos rostros y esas voces que les han acompañado día tras día, año tras año, permanecerán para siempre. Seguro.

 
Gema Vidal
 
PULSA PARA VOLVER